Identificarse...
Hasta hace poco, odiábamos las etiquetas sobre sexualidad (estas llamadas hetero, gay, bi, trans) porque estaban cargadas de una cierta carga social negativa, que nos obligaba en muchos casos a la marginación y a la persecución.
Hoy, en estos tiempos que corren frescos, seguidos de nuevas ideas y gobiernos socialistas, parece mentira el seguir corriendo y el huir y esconderse, los nuevos motivos para obviar unas etiquetas (sanas y naturales) es la extrema libertad que decimos ostentar, la autosufieciencia y el horrible y desmesurado respeto hacia nuetra intimidad (¿qué tiene que ver?) al que hacemos referencia.
Y así, odiamos las etiquetas. Perdóneme usted, llamenme lo que ustedes quieran esta noche, pero no lo soporto. Puede que sea un vicio, curiosidad o una mania fruto de insuficiencias afectivas de caracter personal, pero cada vez que me siento frente a una persona, me cruzo con alguien por la calle, observo a los horribles pendientes de una cajera del mercadona, o escucho a un cliente hablarme por teléfono, la primera idea que se me viene a la mente, es, olvidandome de esas viejas mentiras sobre colores de ojos y otras paparruchas, su sexualidad.
Una orientación sexual. Nunca he asociado sexo con intimidad y no creo que sea malo el hacer preguntas que el resto del mundo considera entrometidas.
No soporto tomar un café con alguien, hablar sobre nuestras cosas, y sentir que no puedo preguntar ¿Cual es tu orientación sexual? Sinceramente, muchas veces me es muy difícil encontrar motivos para no hacerlo.
Y así, tengo dos amigos sobre los que tengo mis serias dudas. El primero, depende emocionalmente de su mejor amigo (jugador de un equipo de fútbol local) del que habla permanentemete y del que sigue y observa cada detalle. Intentas con indirectas y aproximativas descubrir algo, incluirle en algún pequeño matiz, pero nada... una cremallera en la boca. Y me retuerzo de curiosidad, no puedo pensar en otra cosa cuando quedamos para tomar algo, y llego a pensar si estoy obsesionado.
El segundo sujeto en investigación intensiva, bueno, sencillamente nunca pasa del ''que buen día hace hoy'' para mi particular dolor y come-come interior.
¿Cómo pueden estas personas dormir por las noches? Quizás sea yo y mi arrogante manía de tenerlo todo bien definido, de buscar cajones en los que ordenarlo todo, pero este virgo maniático... no acaba de entender esta ambigüedad, bidireccionalidad, o silencio de morturio asexual, que algunas personas lucen.
Despierten señores, y vivan su vida con plenitud y coherencia, aunque yo, respeto gravemente su silencio y su ''intimidad'', puedo pensar mil veces esa pregunta, pero nunca la oirán de mis labios. Respeto,

Teorias adolescentes sobre el sexo, que nunca llegan a ser empíricas. No hay sexo en New York, hablamos del sexo en Torredonjimeno.